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dimarts, de juliol 10, 2007

Evolució del "jo" psicologia descentrada

Tota aquesta parrafada que copiï aquí del llibre de Turkle m'interessa per dos motius:

  • Assumir que les persones tenen un "jo" fragmentat, distribuït, flexible, format per diferents rols en funció dels moments i dels contexts, pot fer repensar els públics objectius de la comunicació. Ja no s'ha de pensar amb p. ex. persona de nivell cultural alt i ingressos econòmics mitjos. Es podria pensar en terme de, pare de família amb complexa de Peter Pan que de vuit a tres va amb corbata i engomitat, a l'estiu amb xancletes i capell de paumes a les nits es converteix en un cyborg macarrilla i els caps de setmanes amb un jardiner de cactus. Ale, com li vens un pla de pensions en aquest tipo?
  • Per com les institucions han de repensar la filosofia i la cultura de les seves organitzacions i les accions de motivació dels seus treballadors, juntament amb les estratègies de comunicació interna, tenint en compte els "jos" dels seus treballadors, si seria probable que alguns coincidissin o no.
TURKLE, Sherry (1997), La vida en la pantalla. La construcción de la identidad en la era de Internet, Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona

"La IA emergente depende de la forma en que las interacciones locales entre los componentes descentralizados pueden conducir a estructuras globales. Lo mismo ocurre en el funcionamiento de las colonias de hormigas y el sistema inmunológico, las acumulaciones de coches en un atasco de tráfico y el movimiento de una bandada de pájaros. El resultado es una danza perfectamente coordinada y elegante. Mitchel Resnick, un investigador en educación del MIT, ha apreciado el nuevo interés en dichos modelos emergentes. Lo llama “la disposición mental descentralizada”.

Los modelos descentralizados han aparecido en matemáticas, ecología, biología, ciencias políticas, medicina y psicología. En la última teoría psicoanalítica han sido un actor importante en el desarrollo de visiones descentralizadas o descentradas del yo.

La primera teoría psicoanalítica se construyó en torno a la idea de impulso: una demanda centralizada generada por el cuerpo y que proporcionaba la energía y las metas para toda actividad mental. Aunque posteriormente, cuando Freud volvió su atención a las relaciones del ego con el mundo exterior, empezó a describir un proceso a través del cual internalizamos las personas importantes en nuestras vidas para formar objetos internos. Freud propuso este tipo de proceso como el mecansimo para el desarrollo del superego, lo que la mayoría de personas consideran como conciencia. El superego estaba formado por la asmilación, o la proyección interna, del progenitor ideal.

p. 176 - 179

En la obra de Freud, el concepto de objetos internos coexistía con la teoría del impulso; internalizamos objetos porque nuestros instintos nos impelen a hacerlo. Pero muchos teóricos que siguieron a Freud estaban menos comprometidos con la noción de impulso que con la idea de que la mente estaba construida de objetos internos, cada uno con su propia historia. Mientras Freud había centrado su atención en un único objeto internalizado – el superego – un grupo de psicoanalistas posteriores a Freud, conocidos colectivamente como los teóricos de los objetos relacionales, ampliaron el panorama del estudio de las personas y las cosas que cada uno de nosotros es capaz de llevar en el interior. Describieron la mente como una sociedad de agentes internos – “organizaciones inconscientes del ego capaces de engendrar significado y experiencia, capaces de pensar, sentir y percibir”. En el trabajo de la psicoanalista Melanie Klein, estos agenes internos los podemos ver afectuosos, detestables, codiciosos o envidioso. El psicoanalista W.R.D. Fairbairn imaginó acciones independientes dentro de la mente que piensan, desean y generan significado en interacción unas con otras. Lo que pensamos del yo emerge de sus negociaciones e interacciones.

De esta manera, mientras Freud creía que unas pocas estructuras internas potentes como el superego actúan sobre los recuerdos, pensamientos y deseos, en la teoría de los objetos relacionales el yo se convierte en un sistema dinámico en el que la distinción entre el procesador y lo procesado se disuelve. La escuela francesa de teoría psicoanalítica inspirada por Jacques Lacan, todavía fue más lejos. Lacan veía la idea de un ego centralizado como una ilusión. Para él, el sentido de un ego emerge únicamente de las cadenas de asociaciones lingüísticas que no alcanzan el punto final. No existe un yo central. Lo que experimentamos como “yo” se puede comparar con algo que creamos con humos y espejos.

El paralelismo entre el desarrolllo histórico del psicoanálisis y el desarrollo histórico de la inteligencia artificial es sorprendente. En ambos campos ha existido un movimiento de alejamiento de un modelo en el cual actúan unas pocas estructuras en una sustancia más bien pasiva. El psicoanálisis empezó con el impulso y la inteligencia artificial empezó con la lógica. Ambos se trasladaron de un modelo de mente centralizado a otro descentralizado. Ambos avanzaron hacia una teoría basada en los objetos y la emergencia. Ambos empezaron con una estética de la comprensión modernista. Ambos evolucionaron en direcciones que están cerca de romper con la idea de que la comprensión modernista es posible. En el caso del psicoanálisis que evolucionó como una de las grandes metanarrativas del modernismo, se ha visto sustancialmente debilitado en su centralidad modernista tanto por los objetos relacionales como por las tradiciones lacanianas. El psicoanálisis es un discurso superviviente, que encuentra una voz tanto en los tiempos modernistas como en los posmodernistas. La IA también podría ser este discurso superviviente.

Los psicoanalistas fueron casi universalmente hostiles a la IA del procesamiento de la información, porque encontraron reducida la búsqueda freudiana de significado a una búsqueda del mecanismo, como, por ejemplo, cuando los investigadores en IA y los estudiantes en ciencia informática reinterpretarían las equivocaciones freudianas como errores en el procesamiento de la información. Aunque los psicoanalsistas han mostrado un interés considerable en la IA emergente.

Consideremos las imágenes de Minsky en The Society of Mind. (…) Lo que Minsky tiene en mente no son las meras subrutinas computacionales sino una sociedad de submentes que colaboren para producir un comportamiento complejo. El tipo de emergencia implícita en el modelo de sociedad de Minsky tiene una afinidad natural con el psicoanálisis de los objetos relacionales. Es más, el lenguaje de conexionismo de los enlaces y asociaciones evoca las teorías radicalmente descentradas de Lacan y es atractivo para los analistas ansiosos de reconciliar las ideas freudianas con la neurología.

Un artículo de 1992 del psicoanalista David Olds trata explícitamente de convencer a los psicoanalistas para que incorporen a la visión conexionista de la mente. Olds argumenta que los psicoanalistas necesitan la teoría conexionista porque les presenta con un enlace plausible con la biología; los analistas pueden utilizar sus modelos para proporcionar una visión del ego en términos cerebrales. El conexionismo también puede ayudar al psicoanálisis a minar las visiones centralizadas y unitarias del ego y dar soporte a la noción de un yo descentrado. Históricamente las teorías sobre un yo descentrado han necesitado de ayuda.

La noción de Freud del inconsciente ha cuestionado la idea de un yo unitario como actor y agente. No sabemos lo que queremos, decía Freud. Nuestros deseos se esconden de nosotros mismos a través de procesos complejos de censura y represión. A pesar del descentramiento del yo que llevó a cabo Freud, algunos de los teóricos que lo siguieron, colectivamente conocidos como psicólogos del ego, perseguían la restauración de su autoridad central. Lo hicieron al enfatizar al ego como una plataforma estable y objetiva desde la que mirar el mundo.. Empezaron viendo al ego capaz de integrar la psique. Para los psiconalistas Anna Freud y Heinz Harmann, el ego parecía casi un héroe psíquico, batallando contra el ello y el superego al mismo tiempo como si tratara de hacer frente a las demandas del mundo externo. Anna Freud escribió sobre la poderosa artillería del ego, sus “mecanismos de defensa” y Hartmann argumentó que el ego tenía un aspecto que no estaba ligado a los conflictos neuróticos individuales; tenía una zona libre de conflicto. Este aspecto libre de trabas del ego tenía la libertad de actuar y elegir, independiente de limitaciones. El concepto de Hartmann de una zona libre de conflicto era prácticamente el lugar de una noción renacida de la voluntad, el lugar de una responsabilidad moral. El historiador intelectual Russell Jacoby, al escribir sobre la psicología del ego, la describía como el “olvido del psicoanálisis”.

Para Olds, el connexionismo reta a la psicología del ego ofreciendo una manera de ver éste no como una autoridad central sino como un sistema emergente. A través de una lente conexionista, dice Olds, el ego se puede reconfigurar como un sistema distribuido. La conciencia se puede ver como un mecanismo técnico a través del cual el cerebro representa sus propios funcionamientos. Olds lo compara al “monitor del ordenador”, poniendo de relieve su cualidad pasiva. Incluso la práctica clínica se puede interpretar en el lenguaje conexionita: las interpretaciones que un analista realiza durante una sesión de tratamiento funcionan cuando corresponden al “registro cerebral muy usado. Es decir, un conjunto de conexiones entre redes que generan una estructura repetitiva de respuesta y conducta”.

Olds reconoce que la comprensión real del conexionismo requiere de “una sofisticación matemática considerable”.

(…)

Como Olds señala, a pesar de que la teoría de las redes neuronales podría ser técnicamente difícil, es metafóricamente evocadora, presentando los procesos de la máquina como el tipo de cosas que suceden en el cerebro.

p. 200

Los ordenadores personales han posibilitado una democratización radical del descubrimiento.

p. 226 - 227

Al mismo tiempo que aprendemos a vernos como tecnocuerpos conectados, reescribimos nuestra vida política y económica en un lenguaje que se hace eco de una forma particular de la inteligencia de la máquina. En el gobierno, los negocios y la industria, se habla mucho de organizaciones distribuidas, en paralelo y emergentes, cuya arquitectura refleja la de los sistemas informáticos. El discurso utópico sobre la descentralización se ha puesto en voga al mismo tiempo que aumenta la fragmentación de la sociedad. Muchas de las instituciones que solían reunir a personas ya no funcionan como antes. Muchas personas pasan la mayor parte del día solas ante la pantalla de un televisor o un ordenador, Mientras tanto, como seres sociales que somos, tratamos (como dijo Marshall Mcluhan) de retribalizarnos. Y el ordenador juega un rol central. Guardamos correspondencia por correo electrónico y contribuimos a paneles de anuncios y listas de correos; entramos a formar parte de grupos cuyos participantes incluyen personas de todo el mundo. Nuestro arraigo a un lugar se ha atenuado Estos cambios levantan muchas preguntas: ¿qué comportará la comunicación mediada para nuestro compromiso con otras personas? ¿ Satisfará nuestras necesidades de conexión y participación social, o minará aún más las relaciones frágiles? ¿Qué clase de responsabilidad asumiremos para nuestras acciones virtuales?

En términos políticos, hablar de movernos de sistemas centralizados a sistemas descentralizados se caracteriza normalmente como un cambio de la autocracia a la democracia, aunque es preciso hacer algunas consideraciones. Por ejemplo, sería posible crear una ilusión de participación descentralizada incluso cuando el poder permanece firmemente arraigado. En términos de nuestras visiones del yo, nuevas imágenes de multiplicidad, heterogeneidad, flexibilidad y fragmentación dominan el pensamiento actual sobre la identidad humana.

La teoría psicoanalítica ha jugado un complicado rol en el debate histórico sobre si la identidad es unitaria o múltiple. Una de las contribuciones más revolucionarias de Freud proponía una visión radicalmente descentrada del self (yo), pero algunos de sus seguidores oscurecieron este mensaje, tendieron a dar al ego una mayor autoridad ejecutiva en la dirección del yo. Sin embargo, este movimiento descentralizador se desafió periódicamente desde dentro del movimiento psicoanalítico. Las ideas junguianas planteaban que el yo es un lugar de encuentro de diversos arquetipos. La teoría sobre la relación objetual hablaba sobre la forma en que las cosas y las personas en el mundo llegan a vivir en nuestro interior. Más recientemente, los pensadores posestructuralistas han intentado un descentramiento del ego todavía más radical. En la obra de Jacques Lacan, por ejemplo, las complejas cadenas de asociaciones que constituyen el significado para cada individuo no conducen a un punto final o a un yo esencial. Bajo la bandera de un retorno a Freud, Lacan insistía en que el ego es una ilusión. En este punto junta el psicoanálisis con el intento posmoderno de retratar el yo como un reino de discurso más que como algo real o como una estructura permanente de la mente. (…) Sus modelos de mente de abajo hacia arriba, distribuidos, paralelos y emergentes han reemplazado los modelos de arriba hacia abajo, y de procesamiento de la información.

Internet es otro elemento de la cultura informática que ha contribuido a pensar en la identidad en términos de multiplicidad. En Internet las personas son capaces de construir un yo al merodear por muchos yos.

p. 228 – 229

En el pasado, este rápido merodear por diferentes identidades no era una experiencia sencilla de conseguir. A principios de este siglo hablábamos de identidad como algo forjado. La metáfora de equiparar la identidad a la solidez del hierro captaba el valor central de una identidad nuclear, o como la llamó en una ocasión el sociólogo David Riesman una dirección interna. Por supuesto, las personas asumían roles y máscaras sociales diferentes, pero para la mayoría de personas la relación de por vida con la familia y la comunidad mantenía este merodear bajo un control bastante estricto. Para algunos, este podía ser una forma de vida. En las sociedades tribales, el merodear del chamán podría implicar estar poseído por los dioses y los espíritus. En los tiempos modernos, existió el artista del timo, el bígamo, el del cruce de géneros, la “personalidad dividida”, el doctor Jekyll y mister Hyde.

Ahora, en los tiempos posmodernos, las identidades múltiples ya no están en los márgenes de las cosas. Hay muchas más personas que experimentan la identidad como un conjunto de roles que se pueden mezclar y combinar, cuyas demandas diversas necesitan ser negociadas. Una amplia gama de teóricos sociales y psicólogicos han tratado de captar la nueva experiencia de identidad. Robert Jay Lifton la ha llamado proteica. Kenneth Gergen describe su multiplicación de máscaras como un yo saturado. Emily Martin habla del yo flexible como una virtud contemporánea de organismos, personas y organizaciones.

Internet se ha convertido en un significativo laboratorio social para la experimentación con las construcciones y reconstrucciones del yo que caracterizan la vida posmoderna. En su realidad virtual nos autocreamos. ¿Qué tipos de personajes interpretamos? ¿Qué relaciones tienen con lo que tradicionalmente hemos pensado como la persona “global”? ¿Los experimentamos como un yo ampliado o como separados del yo? ¿Aprenden nustros yos reales de nuestros personajes virtuales? ¿Estos personajes virtuales son fragmentos de una personalidad coherente de la vida real? ¿Cómo se comunican entre ellos? ¿Por qué estamos haciendo esto? ¿Es un juego superficial, una pérdida de tiempo supina? ¿Es una expresión de una crisis de identidad como la que tradicionalmente asociamos con la adolescencia? ¿O estamos viendo la lenta emergencia de un estilo de pensamiento sobre la mente nuevo, más múltiple? Podemos plantear estas preguntas cuando vemos los distintos espacios de Internet.
"

2 comentaris:

Té la mà Maria - Reus ha dit...

Tot aixó que tu transcrius amb trenta mil paraules, uns servidors ho resumirien en:

Si tanques l'ordinador no passa rés, mira per la finestra i veuràs el cel blau

salutacions des de Reus

Bel ha dit...

He sortit per la porta, el format de la finestra, no em pemet apreciar l'abast del cel. Quan mir el cel no m'agrada anar amb preconfiguracions. Del cel és de les poques coses que puc tenir una vista panoràmica sense haver de buscar una vista d'ocell.

He vist el cel blau de dia. He vist la posta de sol l'horabaixa amb horitzons blavosos i amb horitzons vermellosos. He vist el cel estalat de nit. He vist la lluna, minvant, creixent, vella, plena.

Mirar el cel és una rutina, no una cosa extraordinària. Dies està clar i esplèndid, dies nuvolat i amenaçador. Dies brut i dens. Dies amb xaloc i homit. Dies net i fresc.